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La UPV lleva material escolar a África para agradecer la gestión en el ‘caso Armand’
La mediación de los salesianos de Camerún fue crucial para traer al joven deportado
Un año después de su expulsión, continúa haciendo gala de un expediente académico brillante en tercero de Ingeniería
Jorge Napal – Martes, 4 de Mayo de 2010
Donostia. Ahora todo es alegría donde antes no había más que contrariedad y desconcierto. “El golpe fue durísimo”, reconocía ayer a este periódico Carlos Otsoa, el director de la Escuela Politécnica de Donostia de la UPV. Hace un año llegaba a sus oídos una noticia a la que le costó dar crédito. La madre de uno de sus alumnos se acercaba al campus donostiarra hecha un paño de lágrimas. Su hijo había sido deportado. Su nombre era Jacques Armand Nong, un joven camerunés de brillante expediente académico que había despertado la admiración en su entorno más cercano.
Tras una singladura inimaginable que le llevó a su país de origen en cuestión de horas, el chaval, de 21 años, fue acogido por los salesianos de Camerún, que resultaron cruciales para lograr su repatriación. Ahora que las aguas han vuelto a su cauce y el chaval sigue haciendo gala de un brillante expediente, la UPV ha querido agradecer aquella labor de mediación desde Camerún, por lo que enviará en junio al continente africano un container cargado de ordenadores y material escolar.
El chaval, como se aprecia en la fotografía, sonreía ayer a mandíbula batiente, olvidado ya aquel fatídico 28 de abril del año pasado que precedió a su deportación. Sus amigos de la universidad ni siquiera se enteraron de lo ocurrido hasta una semana después. No había ni rastro de aquel estudiante admirable que cubría a diario el trayecto desde la localidad alavesa de Labastida hasta Donostia.
En estado inconsciente Sin saber nada de su paradero, el joven había sido introducido en un avión “con lo puesto” haciendo escala en Casablanca (Marruecos) para aterrizar finalmente en Yaundé, la capital de Camerún, donde fue abandonado a su suerte. Al día siguiente apareció inconsciente en un mercado de la ciudad y, tras pasar por el hospital, los salesianos de Camerún lo acogieron, gracias a los contactos de un profesor de la UPV que cuenta con algún pariente en la zona.
La resolución del caso se convirtió en un inimaginable compás de espera que se prolongó durante medio año y costó más de un disgusto para el malogrado protagonista. Revocar la orden de expulsión costó lo indecible y los salesianos de Camerún no dejaron de dar aliento y acompañar al chaval a la embajada de España hasta que finalmente consiguió el ansiado visado de estudios, con el que regresó con los suyos.
Otsoa recordaba ayer la movilización de tantos alumnos de la UPV y compañeros de Armand, que hicieron una colecta gracias a la cual recaudaron más de 2.000 euros con los que se pudo costear el regreso de Armand en avión. Ahora, la Escuela Politécnica de Donostia también ha querido llevar más allá de las palabras su gratitud por toda aquella gestión. Para ello, enviará una treintena de ordenadores que ya han sido embalados y llevan unas semanas aguardando el traslado.
Los salesianos han advertido que el material, falta hace, pero más que en Camerún en la República Centroafricana, que padece un nivel ínfimo de desarrollo. El problema para hacer el envío, según explicaba ayer el director de la escuela, es lo complicado que resulta llevarlo a cabo, por lo que la UPV se ha puesto en contacto con la ONG Fundación Jóvenes y Desarrollo, con sede en Pamplona. “Recolectan todo tipo de material, desde muebles a ropa o juguetes. Tienen todo almacenado, y lo único que precisan es que alguna entidad flete el envío a cualquier país del mundo”, explica Otsoa.
Así, la treintena de ordenadores que enviará la UPV ocupa un metro cúbico de los cuarenta que puede llegar a albergar un container. La Escuela Politécnica de Donostia financiará así el envío al completo, en torno a unos 5.000 euros.
Aportaciones El traslado del material se realizará el próximo 5 de junio. Iñigo Parra, en representación del Consejo de Estudiantes, animó ayer a los alumnos interesados a que hagan una pequeña aportación. También se ofrece la posibilidad de que se desplace a la capital navarra en la fecha señalada quien quiera echar una mano en “la complicada logística que conlleva mandar un container de material al centro de África”.
Lejos ya de la tensión vivida, el director de la escuela confesaba ayer que la UPV ha querido ser muy cautelosa durante toda la gestión de este proceso puesto que se dan muchos más casos similares de los que uno pueda imaginar. “Hay mucha gente que no tiene ni el apoyo ni la familia con la que ha contado Armand. Nos advirtieron de que hay una bolsa terrible de inmigrantes con problemas que podían estar siguiendo este caso por vivir situaciones de esta naturaleza, por lo que no quisimos darle cobertura mediática porque, quizá, podría ser contraproducente”, admitió ayer Otsoa.
Órdenes de expulsión Armand llegó con catorce años a Euskadi, junto a sus hermanos, acogiéndose a la fórmula de la reagrupación familiar. El joven estudiante se vio abocado a una situación administrativa irregular por no renovar su permiso de residencia y su tarjeta de estudiante. Pesaban sobre él tres órdenes de expulsión. El abogado del turno especial de Extranjeria sostuvo desde un principio que el joven había tenía “una suerte malísima”, convencido de que había sido víctima de una interpretación demasiado severa de la Ley de Extranjería.
Sus notas siguen siendo muy buenas. Ahora ya no tiene que pegarse a diario las palizas desde Álava al campus donostiarra, ya que está alojado en una residencia del Colegio de La Salle de Loiola.










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